Sobre la Autodestrucción

Salí del show del comediante Rick Shapiro un poco desorientado. Pensando en su apariencia desgarbada y tambíen en su errática carrera profesional, pensaba en el futuro incierto al que nos dirigimos poco más de una docena de nuevos comediantes chilangos trabajando sin parar. Habían elementos que admirar y hasta emular en el stand up de Rick Shapiro, pero muchos más que rechazar, o de plano, correr el riesgo de ver tu vida personal y carrera deteriorase cómo un espectacular sin filtro protector UV frente al inclemente sol mexicano.

 

Pensaba en el elemento menos favorito en mi colección de mitos sobre el comediante stand up: la autodestrucción; el comediante visto cómo una bomba de tiempo, robando con urgencia tu atención para despues consumirse de manera de espectacular. Existen los ejemplos de siempre (John Belushi, Chris Farley, John Candy) para luego ir a la larga lista de comediantes (de todos los tamaños) que han cometido suicidio o lo han intentado.

 

El arte es importante, pero jamás será algo que traiga por si solo el elemento que calme la mente y corazón. Al contrario, buscamos nuevas formas de entender nuestra existencia en el arte y trabajamos para un público muy interesado en los aspectos más románticos de la auto-gratificación desmedida y la violencia sin sentido. Tenemos licencia para explorar los rincones más oscuros y desesperados de nuestra psique al grado que a veces, dar el salto y vivir allí parece una opción viable. Agrega a esto trabajar en mercados de alcohol y ruido nocturno y no es sorprendente si encontrar piso parece algo imposible.

 

Una parte lamentable de este fenomeno social, fue la noción de romantizar la noción del comediante suicida. Robarle su humanidad y ver su muerte cómo la conclusión magistral a una vida cómica que rebasaba cualquier escenario o grabación. Suena interesante, pero aún asi no le veo un sentido lógico. Sí la vida de un comediante es chistosa, ¿no sería más chistoso verlos chochear y hacer chistes sobre el inevitable deterioro de sus funciones vitales? Mi paranoia se prende y me hace pensar que este fenómeno es propagado por un sistema que gana mucho vendiendo alcohol y drogas y muy poco asegurandose que pinche John Candy o Miguel Galvan cuiden de su salud. ¡Tomen cabrones!

(….)

Me quedé cabilando en este y otros temas afuera del sencillo conjunto de auditorios. Todavía faltaban unas horas para ver el siguiente show en mi lista, asi que tenía tiempo para comer la horrenda comida britanica, su carne de res vieja y salada, papas cubiertas de mayonesa y la mirada aburrida del proveedor del veneno que se vende en mutliplos de 22 pesos. Vi una de las varias chicas que rechazarían mis encantos, lo cual atribuí en todas las ocasiones a racismo y xenofobia (dos prejuicios distintos, pero usualmente mezclados cómo mayonesa y catsup en un mil islas neonazi).

 

Antes de que esta niña me mostrara que era racista al no caer presa de hasta la mejor de mis estrategias para el amor (te invito chelas mientras me hablas de cuanto odias a tus amigos/colegas/padres/timisma). Usé el truco número dos: Hacer cómo que sus intereses, me interesan a mi. Verán, no es que sea un bastardo egoista. Sino que no me gustan muchas cosas, encontrar las pocas cosas que me causan placer ha sido algo que ha llenado toda mi vida. De ahi mi vida tan plena.

 

Uso varios criterios para elegir el arte que me gusta consumir: reseñas escritas por doctos profesionales en la materia, un rango muy bien calibrado de amigos con criterios estéticos parecidos a los mios y que una niña guapa me diga que lo haga. La niña guapa me dijo que viera una cosa que se llamaba The People, una obra que no podría describir porque me dormí a la mitad. Culpo al jetlag y mi latente misoginia, tambien al racismo.

 

¿Qué?

-Juan

 

PD. Si les gusta lo que escribo o mi comedia, que tal si ven mi show y ven porque tengo tantos problemas. Este Domingo 2 de Octubre arrancamos uno de los mejores shows de Stand Up de la ciudad: Enrique Hernández Alcázar y la Nueva Comedia. Donde Enrique Hernández, creador del popilar programa de noticias y humor El Weso, continua la labor de llevar la mejor comedia estandupera al Foro del Tejedor, un increíble foro en una zona muy bonita. Para este show tenemos a Gonzalo Curiel, fmaoso del twitter, con un acto que tienes que very y Hugo Perez, el Cojo Feliz, quien de los comediantes que conozco es el que nunca falla para hacer reír a cualquier tipo de público. Yo fungiré cómo presentador, oirán mis chistes y probablemente los actos se burlaran de mi porque en efecto soy bastante ridículo.

 

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Edinburgo IV

 

Rick Shapiro

Entré al Assembly Three y el show ya había empezado. Durante este viaje (y sospecho que el resto de mi vida) mi indolente ritmo siempre conspirará para hacerme perder cinco minutos de un comediante por aquí, cinco minutos por allá. Esto a veces es un problema, debido a que la tendencia entre los comediantes del Reino Unido, es que el show tenga un arco narrativo, es decir, usualmente el inicio del acto y el final tienen que ver. En este show esto no fue un problema.

En el escenario estaba Rick Shapiro, pateando los cincuentas, tal cual lo había visto en diversos programas, con esa aguardentosa voz que nombró y señaló uno y varios demonios en el celebrado podcast confesional de comediantes: WTF with Marc Maron (What The Fuck=Que Chingaos). Traía jeans anticuadamente deshilachados, chanclas y una sudadera blanca con zipper, abierta hasta el ombligo, el cual se podía apreciar debido a que no traía playera debajo (explicaría en unos momentos que se había tirado encima el café por no saber negociar la tapita del envase). Tanto su pecho descubierto, cómo sus brazos y sus rostro tenían un color cobrizo cómo los muchos gringos expatriados que terminaban de compadres de mis padres en Acapulco. En efecto, parecía un vagabundo costeño, probablemente se vería muy adhoc bebiendo coronas y cortejandoadolescentes en las costas de Guerrero o Oaxaca.

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El personaje de Rick Shapiro, la voz de su Stand Up, es un flujo constante e ininterrumpido de emoción. Al entrar, en lo que me sincronizaba con el ritmo y manera de hablar, noté lo mucho que temblaban sus manos y su tartamudeo exasperado y amaestrado para hacer reír. En el escenario lo acompañaban una mesa con varios papeles arrugados y un vaso de café. Rick explicaba que acababa de salir del hospital, había tenido una embolia y tuvo que estar internado 70 días, apenas llevaba un mes fuera del hospital cuando empezó su show. Además del temblor en sus manos, se veía frágil y padecía de bloques de amnesia.

Para cualquier otra forma de entretenimiento, hacer un show así sería inviable, equivalente a una falta total de respeto a tu público. A mi me pareció invaluable. Más que una hora más para matar con risas y distracción, era mi primer acercamiento a un comediante, con décadas de experiencia haciendo stand up, usar sus instintos y habilidad en el escenario para hablar de algo que no fueran noviazgos, transporte público, lo frustrante que es cualquier trámite o la levedad que puede nacer al hablar de manera franca sobre tus genitales.

Rick habló en esa hora de su estancia en un hospital barato, de la socialmente aceptable vacuidad de la gente en Los Ángeles, de cómo su padre abusaba de el sexualmente y su corta trayectoria cómo ramera crackera. Cuando las sinapsis no estaban de su lado y perdía el hilo, décadas de sets improvisados en bares de Nueva York entraban en acción para sacarlo del hoyo. Me encontraba fascinado viendo las formas en las que afrontaba temas que harían a un comediante ser echado de cualquier escenario. En ningún momento Rick volteó la mirada lejos del conjunto de dificultades que definían su vida. Nunca un escape al absurdo o la fantasía, las historias de Rick sucedían en hoteles y casuchas sucias que existen en las fronteras del Sueño Americano. Nunca la promesa de redención, o un elemento sentimental o didáctico que ocultara el acre sabor de su rutina.

Fue un show difícil, las risas venían de secciones del público y aún así eran bastante escuetas. Con sus altas y bajas el show nunca fue un fracaso total. Había suficiente balance entre intento y resultados para mantener al público interesado en el drama humano de un comediante luchando con su mente para ser chistoso. Rick, se ayudaba en gran medida de su innegable carisma. Su actitud temeraria mezclada con su vulnerabilidad a flor de piel, hacía difícil no empalizar y verlo cómo el carismático junkie que encontrarías en novelas de Hunter S. Thompson o Charles Bukowski (Citándolo “estoy usando más drogas ahora que cuando las usaba”).

Rick estaba en mal estado para este show, de momentos causaba pena ajena, pero si hacemos el esfuerzo de ver la comedia cómo arte y no sólo entretenimiento tenemos que comprometernos a hacer un esfuerzo y apreciar que no todo tiene que ser un chiste perfecto, con su premisa concisa y sintética y su remate sorpresivo y deleitoso. Si el cliché es que la comedia es “tragedia” + “tiempo” y entendemos que el comediante tiene poder total sobre el tiempo y el espacio en su escenario; entonces Rick debería poder transportarnos a ese momento en que jugar escondidillas genitales con su padre por fin, por fin será gracioso.

No se pueden perder LA NUEVA COMEDIA con Juan Carlos Escalante de anfitrión, presentando a Enrique Hernández Alcázar (creador y conductor del Weso), acompañado de Gon Curiel y Hugo Perez "El Cojo Feliz" (Comedy Central: Stand Up Olímpico) .

 

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Edimburgo pte III

LLegando

 

 

 

 

Llegué a la estación de trenes Waverley en el mero centro de Edimburgo a la 1:30 pm. Al momento de salir de la estación ves una calle fea y llena de gente, con autobuses en cada lado. Luego volteas hacía al horizonte y te das cuenta de que estás rodeado de castillos e increíbles colinas. Al empezar la búsqueda del hostal donde me quedaría, aprendí rápidamente que Edimburgo es una ciudad diseñada con un urbanismo cuantico, donde dar vuelta a la izquierda te podría llevar a la calle que buscas, al lugar donde estabas hace cinco segundos o ser digerido por un agujero negro directo a los brazos de Jesús Redentor.

Es un desmadre esta ciudad, construida sobre montañas, ir de un teatro a otro es un eterno sube-la-colina, baja-la-colina. No hay muchos señalamientos o una lógica en su construcción y su magistral arquitectura te paraliza y conmueve cuando realmente debes de estar corriendo a oir los nuevos chistes de pito de Richard Herring (su show, que no vi, se llama Talking Cock). Gran parte de mi tiempo en Edimburgo fue pasado caminando inútilmente alrededor de manzanas, de ida y de regreso, preguntando y siendo ignorado, lo bueno es que soy comediante, así que ya estoy acostumbrado.

 

Antes de hacer crónica de los actos que vi, un addendum:

 

Soy un fan. Fan. De la música que me gusta. Tengo conocimiento nerdozo enciclopédico del catalogo de Bob Dylan, Beatles, Cat Stevens, Led Zeppelin, y tambien de bandas modernas. Sin embargo, no soy alguien que vaya a conciertos. Hay una serie de situaciones que me lo impiden, me desespero facilmente, no me gusta mucho andar entre multitudes y lo más importante, es demasiado caro. Demasiado caro para mi, pagar tanto dinero para que me entretengan 2 horas en un mundo donde existen las mujeres desnudas del internet y mi cobacha llena de VHSes de Papá Soltero.

 

Supongo, que el atractivo particular de ir a un concierto es buscar un hilo que te conecte con tu artista favorito, un momento compartido en el tiempo y el espacio. Pero si estás sentado en la estratosfera, y tu artista favorito podría ser una foto en blanco y negro de un video de baja resolución o una alucinación colectiva o de plano no estar ahi… ¿Para qué? Pagar por lla primera fila es una noción que no puedo siquiera entretener: no es tan importante para mi ver las arrugas de Bob Dylan o sentir que mi status sube al estar rodeado de los escogidos del Señor, capaces de gastar miles de pesos por ver a un sexagenario tocar una versión country-reggae de Blowin’ in the Wind. ¿A que me lleva a esto? A que vi demasiados shows en Edimburgo. Parte de la razón por la que libero mis manos de la adicción a la fricto-masturbación y escribo esto, es para poder pensar claramente en los shows que vi.

Otro turista...

Impulsado por el mantra obsesivo de: “¡Si!, pero ¿Cuándo podrás verlos de nuevo?”, ví aproximadamente 20 horas de shows durante 5 dias. Cualquiera que haya ido a un show de Stand Up, sabrá que aún al mejor comediante del mundo le aguantaras a lo mucho 2 horas. El Stand Up es un arte que requiere atención y hasta esfuerzo de parte de un público si es que quieres mantenerte al tanto del tránsito intenso de ideas y sentimientos entre el comediante y el público. Pero estaba dispuesto a ser solidario, los artistas sufren mucho en Edimburgo, haciendo a veces hasta varios shows diaramente, 30 dias seguidos. Si ellos pueden incurrir en ese gasto humano y fiscal, yo puedo ver 5 horas de Stand Up diario, cómo no. Aún asi, no pude llegar a dos shows -cheweymaltipo-.

 

La venta de boletos en estos festivales se hace una manera muy práctica y ordenada, la oficina central del Fringe, localizada en un callejón ancestral sobre la Milla Real, se encarga de vender ya sean en linea o en persona los boletos para todos los shows del Fringe, localizados en mas de 250 locaciones. Las principales siendo Assembly Rooms, Pleasance y Guilded Balloon. Los primeros dos, siendo asociaciones de tipo sociedad civil que cuentan con foros y alas por toda la ciudad, y el ültimo un imponente castillo adaptado para presentar shows en sus diferentes salas y habitaciones (el show más grande de Assembly, es en la antigua sede de la Iglesia Escocesa, adaptada para ser un teatro con 600 lugares). Éstos atraen a los actos más grandes, pero existen todavía cientos de foros adaptados para shows, como el Underbelly, una serie de humedos foros bajo el puente de Southbridge, asi como sotanos y áticos de Pubs.

 

The Mound

Respecto a los actos que seleccione: A pesar de mi ligera obsesión compulsiva, antes de llegar a Edimburgo estaba decidido a llegar más o menos virgen a la experiencia. Ver unas cuantas reseñas de actos para guiarme, pero no sumergirme en un laberitno de opiniones y percepciones digitales a la hora de escoger los actos. Estaba interesado en percibir el Fringe fuera del molde al que luego los nerds buscamos acomodarnos, en una constante e infertil busqueda de absoluto control y maximización del placer. También, me dió hueva ponerme a leer mil reseñas. El resultado fue que mi experiencia en Edimburgo fue para bien o para mal, 100% honesta.

 

El primer comediante que vi, fue el estadounidense Rick Shapiro en el Assembly Three, un foro a medio llenar con unas diez filas de butacas. Llegué cuando ya llevaba cinco minutos empezado el show (algo recurrente en este viaje) y me senté hasta adelante. Ya conocía a Rick Shapiro, principalmente por su papel en “Lucky Louie“, la brillante, pero cancelada sitcom de Louis CK. Rick interpretaba a un personaje que podría describirse cómo la deconstrucción del siempre socorrido “wacky neighbour”, explicando de manera directa, pero compasiva que la razón por la que Kramer siempre estaba en ese estado era probablemente producto de un desbalance químico en el cerebro. En efecto Rick Shapiro, es conocido por ser un comediante que habla de manera franca y directa de su accidentada vida, llena de anécdotas centradas en drogadicción, abuso sexual y otros temas más subidos de tono.

 

Tenía mucho interés por ver el show de Rick Shapiro, quería averiguar si en verdad era chistoso o la constante adulación a este personaje de parte de figuras respetadas en el Stand Up cómo Louis CK, Marc Maron y Sara Silverman era sólo producto del cariño y nostalgia por un antiguo colega pasando tiempo difíciles. Cómo siempre, al realidad no cabe en mi percepción, y el pasado y el futuro se mezclan al intentar colocar a Rick Shapiro en su cajita correspondiente.

 

Los veo mañana para entrarle de lleno a la cruenta y honesta comedia de Rick Shapiro y Eddie Pepitone y por fin empezar a reseñar a estos actos.

 

 

 

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Edimburgo pt II

Londres

Pasé dos de las mejores semanas de mi vida con Alex y Leah, vimos la explosión del Estadio Olímpico durante la apertura desde la terraza de un Council State, que es como Infonavit Londinense (Tlatelondon), me disfracé para un sketch, le ayudé a escribir un par de cosas a Alex y en general conocimos gente de todo tipo, inmigrantes, londi-mexicanos expatriados, vecinos amigables irlandeses y un africano llamado Smiley. Para alguien que nunca había salido de su país el shock cultural de conocer tantos tipos de gente diferente en un momento es algo que todavía estoy intentando procesar, en corto: soy racista (broma).

 

Otra gran experiencia fue que Ese Wey y Leah me llevaran al show de comedia Angel Comedy, un show gratuito en el ático de un Pub, donde suben a cinco comediantes a hacer 20 minutos cada uno. Esta sería mi primera experiencia viendo Stand Up en inglés en vivo. Esperando a que subiera el primer comediante al show tenía la espectativa de ver de verdad otro tipo stand up, disociado de nuestra cultura y lenguaje, ver ese humor y cómo funcionaba.

El show fue bastante chistoso, mostraba a comediantes con una cantidad de cayo considerable, usar el material en el que han trabajado probablemente un par de años o más. Esto llevaba a un show muy accesible y divertido, aunque inevitablemente un tanto inerte. Dicho esto no quisiera usar estos artículos para hablar negativamente de ningún comediante, entiendo mejor que mucha gente las presiones sociales a las cuales el comediante siempre está sujeto. Tener material que sea inteligente pero accesible, personal pero incluyente. La comedia que vi, era el natural producto de ese momento en las carreras de estos comediantes, una intensa y presente busqueda por el agrado del público, algo que todo mundo menosprecia, pero todos necesitamos.

 

Me pareció muy curioso ver a estos chicos vivir en una especie de existencia paralela a la nuestra en México. Y vi, cómo aqui y en Londrés, las mismas dinámicas suceden. Al final, es un ser humano hablando en un micrófono en un escenario, no hay mucho que cambie. Las mismas preocupaciones, los mismos miedos, las mismas victorias y expectativas las veo reflejadas en estos comediantes en ciernes y pienso en un paralelo con el espiritu Olimpico, pero con gente que se levanta mucho después de las 6 am. Bajando del Show, nos encontramos a nadie más que al comediante, personalidad e ícono cultural Facundo. Nos divertimos bastante, increpamos juntos en londinenses nocturnos y me compró un Hot Dog.

Al día siguiente. Era el Preview de Edinburgo de uno de los comediantes del show anterior: “Lionel Richie Owns This Show”, un show esforzado en su busqueda de peculiaridad donde el comediante Barry Firns no logra explicarnos porqué decidió cambiarse el nombre a Lionel Richie (de verdad lo hizo, nos enseñó el pasaporte). Es una buena pregunta, todos los comediantes respondemos a la exigencia interna o externa de cambiar nuestra identidad, que es más severo, ¿truncar tu carrera profesional para hablar sobre tus glándulas en el escenario, o ir al registro civil y ponerte Manuel Mijares? Este era el primer show que veía en Londres en el cual elementos externos cómo “props” e instrumentos musicales eran utilizados.

 

Por cierto, un Preview, es un paso esencial antes de llevar tu show al Fringe. Son shows usualmente gratuitos, donde “pruebas” cómo funciona todo o partes de tu material así cómo el ritmo y el arco dramático del mismo. Tuvimos oportunidad de ir a otros dos Previews, uno de un comediante joven con un set bastante accidentado y un público hostil y otro sujeto con un show que al final no supe si era la cosa más genial o caós y ruido mezclando mis ideas. A estas alturas, empezaba a notar un tema recurrente corriendo bajo los chistes de cada acto, y hablo de un verdadero interés por redefinir lo que es “valido” cómo show de comedia stand up, ¿que reglas se pueden romper? Barry Firns terminó su show llevandonos todos a la vuelta de la esquina a comprar helado, Adam Larter nos pasó al escenario a recrear cómo sería una visita al dentista de Andy Warhol acompañado por The Velvet Underground. No se si yo pondría un track musical en mi acto o usara alguna vez un prop. Creo que no lo haría, más por la hueva de tener que agregar otra preocupación más a la escueta lista de preparativos para un show de comedia. Pero si me naciera y el prop fuera la única form, probablemente lo haría. ( Sólo una vez he traido un objeto externo al escenario, cuando Hugo Perez, antes de empezar su celebrada carrera cómica, me mandó un mail diciendome que me parecía a su actor favorito: “Silverio Palacios”. Al siguiente show, saqué la foto para ilustrar lo insultante que era para mi compararme con el actor de carácter. )

 

Estas experiencias sólo afanaban mi deseo de sumergirme en el Festival. Ese Wey y Leah tenían planeado viajar a Tel Aviv a continuar su trabajo cómico-periodístico, así que tendría que irme solo. Compré mi boleto de Tren, llené mi mochila de cosas y me preparé para conocer a mis ídolos el día siguiente.

 

Nota: Domingo 2 de Septiembre empezamos el Show Enrique Hernández Alcázar y la Nueva Comedia, mostrando lo mejor del Stand Up Mexicano. En el primer show podrán ver a Gon Curiel, Hugo Perez y a un servidor. Ahi los veo!

 

 

 

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Edimburgo

Preámbulo:

 

 

Tengo presente, de manera constante, mi experiencia de escuela primaría. Así cómo un veterano de guerra con stress post-traumático tiene presente aquel verano en Asia. Me acuerdo de un tapiz de colores contrastantes, ruidos estridentes y lloriqueos frente a féminas. Debo decir que he puesto todo de mi para mitificar ese puñado de meses mejor que San Pablo a la crucifixión. Aún así, también debo admitir que hay una que otra joya escondida entre el acre fango: un casi-beso en el salón de español durante el segundo receso, un par de momentos cálidos de amistad, el omnipotente sol Acapulco entrando entre los arboles de mango y el momento en que encontré la comedia.

Para entonces ya había visto comedia, pero nada que me hiciera seriamente considerar transformarme en otra persona, ser franco en la decisión de dedicar el resto de tu esfuerzo a crear comedia de manera profesional. Esto pasó tras unos segundos de la comedia sexual juvenil Mallrats, descrita por él director cómo: “Porky’s para la Generación X”. Fue ese un poco soso proto-American Pie lo que incurrió en mi un despertar. La película me hizo reír, pero más allá de los chistes fáciles y gags sexuales, me asombró ver por primera vez un universo con un humor personal, interesado en expresar un deseo más allá de hacer reír a mi mamá. El mundo se abría.

Me volví lo que años más adelante sería definido cómo “nerd de la comedia”, alguien no sólo interesado en el producto final, sino en su manufactura, las condiciones y recursos necesarios para la creación de comedia, así cómo una honesta fascinación con la comunidad cómica, su lenguaje y sus valores. Me interesaba de manera particular las supuestas escenas “alternativas”, donde encontrabas material que no tenía miedo a cruzar las barreras hacía lo grotesco, pretencioso y metaconceptual. Cómo toda comunidad, estas tenían sus instituciones totémicas, para los gringos: Saturday Night Live, Larry Sanders y el Teatro de la Upright Citizen’s Brigade, para los ingleses: Monty Python, The Young Ones y el Edinburgh Fringe.

Mr Show, Larry Sanders, Monty Python y hasta aspectos de los shows experimentales del Teatro UCB las he podido procurar por medio del internet, sin embargo “El Fringe” es una experiencia que sólo podría ser percibida estando ahí: Un festival de comedia de 30 días, cada Agosto en la ciudad Escocesa de Edimburgo. Ahí, han trabajado todos los comediantes notables del Reino Unido desde hace más de sesenta años. No en un festival patrocinado por alguna corporación, sino en un festival cultural cómo el Cervantino. Pero en vez de hombres vestidos cómo extras del Hombre de la Mancha tocando Malagueña con guitarras chiquitas, serían literalmente cientos de comediantes profesionales dando shows todos los días, todo el día.

La wikhistoria cuenta que el Fringe, nació cuando en la inauguración del primer Festival Internacional de Edimburgo en 1947 , llegaron ocho compañias teatrales no-invitadas, a hacer shows en otros sitios de la ciudad. Críticos de teatro se dieron cuenta de este fenómeno y nombraron a estos shows cómo “marginales”, de ahi “Fringe”. Desde entonces la cantidad de shows incluidos, bajo la política de no curar y no censurar a ningún artista, el Fringe ha crecido hasta tener 40,000 shows de parte de 2500 espectáculos en 256 lugares.

En 2012 el genial comediante y gran amigo Alex Marin Y Kall, Ese Wey decidió muy a su manera-Ese-Wey irse a vivir a Londrés con su productora, musa, fotografa, comediante y mejor mitad Leah Nedvedovich. Ya había estudiado producción allá en la escuela de Nigel Godrich, y después de pasar un año intenso en cuestiones de arte y realidad, tenía la ansiedad de mezclar su humor extraño y sofisticado con el fondo de la ciudad de Londres. En efecto, casi llegando, Ese Wey se ha vuelto el secreto mejor guardado para fans de la comedia y el periodismo, con sus guerreros reportajes desde Londres, donde cubre artes y eventos culturales que rara vez son pelados por los medios masivos en México. Si tienen chance vayan a www.esewey.com con la mente y el corazón abierto y conozcanlo a el y a Leah (que también tiene un sitio muy cagado leyele.net), son un@s tipaz@s,

 

En fin: despues de un chat de cinco lineas con él, nació la idea: “Vente wey, conoce Londres y ayudame con mis videos durante las Olimpiadas”. Lo pensé un rato, acababa de terminar una serie de shows muy difíciles y tenía ganas de un cambio, vi mis ahorros, luego le pedí lana a mis padres (si ya se) e hice el Plan. Estaba emocionado por conocer Londres, pero lo que más me emocionó realmente fue ver que durante el mes de las Olimpiadas sería el Fringe. Nunca he ido a Los Angeles o Nueva York, he visto a los mejores comediantes de la historía siempre cómo puntos de luz en una matriz, nunca había sentido la vibración de un auditorio lleno al ver a un heroe fungir en el escenario. Por fin tendría la oportunidad. También: una de las razones por las que pasé de ser consumidor de la comedia a comediante, fue que después de varios años de aislamiento añoraba una comunidad de comediantes y fans de la comedia, por fin, en el Festival Edimburgo, estaría rodeado de gente como yo, veríamos shows, platicaríamos de comedia con los mismos comediantes en pubs para luego irnos a dormir solo para despertar a otro día lleno de comedia.

La experiencia real sería otra cosa enteramente, vengan mañana por la siguiente entrega.

Todos los Domingos de Septiembre y Octubre, Enrique Hernández Alcázar y la Nueva Comedia. La mejor comedia Stand Up de la ciudad de México. Primer show con Gonzalo Curiel, Hugo Perez y un servidor!

 

 

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